el profesor que quería abrazar

Para entender porqué me fascinan tanto éste tipo de películas supongo que es necesario que sepáis que soy una persona extremadamente sensible, emotiva, apasionada, tontorrona si queréis ...
 
El caso es que la cinta canadiense candidata al Oscar como mejor película extranjera ha resultado ser un auténtico regalo para los sentidos. Falardeau nos ofrece un interesante film dónde la carga social es potente pero sútil, se tratan temas como el dolor y la sanación de la manera más elegante y tierna posible sin caer en los recursos dramáticos a los que tanto estamos acostumbrados en éste tipo de cine.

Sumamente agradable la manera en que se extrae todo el potencial sensible, que no sensiblero arrancando al espectador una sonrisa hasta en los momentos más duros.

La brillante interpretación de Mohamed Fellag, su relación con los niños acabó dejándome con ganas de abrazarle, no sólo a él, sino al niño, a la niña, a la música, a los pupitres, a las sonrisas... a todo. Y así lo hice... la abracé, abracé la película desde el minuto uno y sólo puedo deciros que fue una de las experiencias más gratificantes a todos los niveles.

En cierta manera sentí que volvía a clase... sólo que al salir había aprendido mil lecciones que aún sigo digeriendo.






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